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Higinio, el cacique texcocano que llega al Senado como pieza clave de Sheinbaum

  • hace 15 horas
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El político que convirtió una corriente municipal del PRD en una de las maquinarias más poderosas de Morena


Higinio Martínez Miranda tardó más de 30 años en recorrer los 36 kilómetros que separan el palacio municipal de Texcoco de la silla principal del Senado de la República. El viaje comenzó con una derrota. En 1994 perdió la elección para alcalde, denunció fraude y encabezó una protesta que mantuvo ocupado el edificio municipal durante más de dos meses.


De aquella derrota surgió una organización que conquistó primero comités del PRD, después alcaldías y diputaciones y, finalmente, el Gobierno del Estado de México. Martínez nunca consiguió ser gobernador, el cargo que ambicionó durante buena parte de su carrera. No le hizo falta para convertirse en el jefe de un grupo que ha formado legisladores, presidentes municipales y algunos de los funcionarios más influyentes de la izquierda mexiquense.


El fundador del llamado Grupo Texcoco asumirá este 1 de septiembre la presidencia de la Mesa Directiva del Senado. Su elección ocurre cuando el Gobierno de Claudia Sheinbaum se aproxima al final de su primer tercio y comienza a colocar piezas para contener las disputas internas de Morena, encarar la elección intermedia de 2027 y garantizar la continuidad de su proyecto.


Martínez, médico cirujano de 70 años, ofrece algo que escasea incluso dentro del partido gobernante: una estructura electoral propia, experiencia legislativa y capacidad para negociar con la oposición. Es un político que conoce las reglas del viejo sistema y aprendió a sobrevivir a sus transformaciones.


Su llegada también representa la reconciliación definitiva con el poder presidencial. Martínez fue aliado de Andrés Manuel López Obrador durante décadas, pero nunca encajó por completo a su círculo. Los dos políticos coincidieron en campañas y proyectos, aunque también mantuvieron diferencias importantes.


La cancelación del aeropuerto de Texcoco y la decisión de entregar a Delfina Gómez —discípula política de Higinio— la candidatura al Gobierno del Estado de México abrieron una distancia que nunca terminó de desaparecer.


Con Sheinbaum, Martínez encontró una nueva oportunidad. Respaldó su aspiración presidencial, movilizó a sus bases en el oriente y el norte del Estado de México y se fijó como meta aportarle cinco millones de votos en 2024. Ahora, su designación al frente del Senado puede interpretarse como un voto de confianza, una recompensa por los servicios prestados o, más probablemente, una combinación de ambas cosas.


Una izquierda anterior al obradorismo

Higinio Martínez no surgió con López Obrador ni construyó su carrera bajo la protección de Morena. Cuando el tabasqueño todavía militaba en el PRI, el mexiquense ya recorría las organizaciones de la izquierda socialista.


Comenzó su militancia en 1975 en el Partido Mexicano de los Trabajadores, fundado por Heberto Castillo y Demetrio Vallejo. Después participó en el Partido Mexicano Socialista, el Frente Democrático Nacional y la fundación del PRD. Acompañó las campañas presidenciales de Cuauhtémoc Cárdenas y, años más tarde, respaldó las tres candidaturas presidenciales de López Obrador.


Martínez estudió Medicina en la UNAM y trabajó en los servicios médicos de la Universidad Autónoma Chapingo. Texcoco, Chapingo y las organizaciones políticas de izquierda formaron su primer ecosistema.


Desde ese territorio desarrolló una capacidad que determinaría el resto de su trayectoria: reclutar cuadros, mantenerlos unidos y convertir la organización partidista en poder electoral.


Higinio no llega a la presidencia del Senado por haber sido el hombre más cercano a López Obrador, sino porque logró sobrevivir políticamente a su sexenio. Durante tres décadas construyó algo que pocos dirigentes de Morena poseen: alcaldes, legisladores y operadores vinculados a una organización que existía mucho antes que el partido.


La derrota que fundó una maquinaria: el origen del poder de Martínez no fue una victoria, sino una elección municipal perdida.


Entre 1993 y 1994, Higinio y otros dirigentes provenientes del Partido Mexicano de los Trabajadores y de la Unidad de Izquierda Comunista formaron el Grupo de Acción Política, conocido como GAP. La agrupación a la postre tuvo una ruptura con las corrientes que convivían dentro del PRD mexiquense y se traslado a Morena.


En 1994, Martínez compitió por la alcaldía de Texcoco y perdió frente al PRI. Sus seguidores denunciaron irregularidades y ocuparon el palacio municipal durante más de dos meses. La protesta permitió reunir a distintos liderazgos de izquierda del oriente del Estado de México. El GAP dejó de ser gradualmente una corriente ideológica y se convirtió en una organización territorial.


El grupo acumuló comités municipales, alcaldías, diputaciones locales y federales, consejeros partidistas y operadores capaces de movilizar electores y negociar candidaturas.


Para 2005, el GAP controlaba casi 40 comités municipales del PRD, cinco de las 21 alcaldías gobernadas por ese partido en el Estado de México, seis de sus 19 diputaciones locales y 31 de los 150 asientos del consejo estatal.


Martínez comenzó entonces a ejercer un poder que no dependía exclusivamente de los cargos que ocupaba. Su influencia consistía en participar en la decisión de quién podía ocuparlos. En torno suyo se formó una cadena de lealtades, compromisos y carreras políticas que se extendió más allá de Texcoco.

Esa red es la que sostiene su reputación de cacique.


La gubernatura que nunca llegó

Martínez solo ha sido candidato formal al Gobierno del Estado de México en una ocasión. En 1999 fue postulado por la coalición formada por el PRD y el Partido del Trabajo. Terminó en tercer lugar, detrás del priista Arturo Montiel y del panista José Luis Durán Reveles.


Obtuvo alrededor de 710 mil votos, poco más del 21 por ciento de los sufragios. La derrota no destruyó al GAP. Por el contrario, permitió medir su fuerza electoral y consolidó a Higinio como interlocutor de los gobiernos priistas.


A lo largo de los años mantuvo canales abiertos con figuras como Enrique Peña Nieto y Alfredo del Mazo. Esa capacidad para negociar con sus adversarios le permitió conservar espacios de poder para su grupo, primero dentro del PRD y posteriormente en Morena.


Sus críticos han presentado esas relaciones como evidencia de entendimientos con el antiguo régimen. Sus aliados las describen como una muestra de pragmatismo. Martínez rara vez ha tenido problemas para conversar con dirigentes del PRI, el PAN, el Verde, el PT o Movimiento Ciudadano. Esa habilidad es precisamente uno de los factores que ahora lo lleva a presidir el Senado.


Texcoco como centro del poder

Higinio Martínez fue presidente municipal de Texcoco en dos ocasiones. La primera, entre 2003 y 2006, postulado por el PRD. La segunda, de 2016 a 2018, ya bajo las siglas de Morena. Dejó esta última administración para competir por el Senado.


Entre ambos gobiernos, el municipio permaneció casi siempre bajo control de políticos vinculados a su grupo. Por la alcaldía pasaron Jorge de la Vega, Horacio Duarte, Constanzo de la Vega, Delfina Gómez y Sandra Falcón, además del propio Martínez.


Hasta 2023, ocho de las nueve administraciones municipales anteriores habían quedado en manos de integrantes o antiguos integrantes del GAP. La permanencia convirtió a Texcoco en el laboratorio del grupo: un lugar para formar cuadros, administrar recursos y proyectar candidaturas hacia otros municipios.


Desde allí, la organización se extendió hacia el oriente y posteriormente hacia el norte del Valle de México. Alcanzó municipios como Ixtapaluca, Chalco, Valle de Chalco, Ecatepec, Tultitlán y zonas de Cuautitlán. El Grupo Texcoco ya no era solamente de Texcoco.


La gubernatura que nunca llegó

Martínez y su grupo abandonaron el PRD en 2011. La ruptura ocurrió en medio del rechazo del GAP a los acuerdos de la dirigencia perredista con el PAN para impulsar candidaturas comunes.


Al anunciar su salida, la organización aseguró que casi 300 mil de sus integrantes se incorporarían al movimiento encabezado por López Obrador. La cifra procedía del propio grupo y no de un padrón independiente, pero reflejaba la fuerza con la que pretendía negociar su adhesión.


Morena recibió una estructura prácticamente terminada: cuadros municipales, representantes electorales, legisladores, conocimiento de las secciones, redes de movilización, disciplina interna y presencia en distintas regiones del Estado de México.


El partido de López Obrador no tuvo que comenzar desde cero en la entidad más poblada del país. Higinio le entregó buena parte del andamiaje construido durante sus años en el PRD.


Para 2023, el Grupo Texcoco era considerado la corriente con mayor presencia en Morena mexiquense.

En vísperas de la elección estatal, se le atribuían 18 de los 29 diputados locales del partido, 25 de sus 32 alcaldes y 219 de los 410 consejeros estatales. No todos esos cuadros mantenían necesariamente una obediencia absoluta hacia Martínez, pero las cifras daban cuenta del alcance de su red.


 
 
 

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